
Podemos ver a lo largo de la historia mundial una serie de escándalos políticos, por todos lados, por citar algunos veamos primero Watergate que desencadenó el juicio que llevo al presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon a ser el primer y único presidente en la historia de ese país en presentar formalmente un acta de renuncia, pasando por la serie de escandalos sexuales del presidente Clinton y Monica Lewinsky, dejando muy en claro que no son los únicos en pagar las consecuencias de sus actos además de la verguenza de ser expuestos a escándos mediáticos sin precedentes. En México podríamos elaborar una lista casi interminable de escándalos, video escándalos, robos, e inumerables verguenzas (quiero pensar). Todos recordamos las imagenes de un Bejarano forrando su saco con fajos de dolares de manos de Ahumada, declaraciones de un senador que hablaba desde su escaño acerca de un Pemexgate, un presidente que no puede entregar su informe por que la tribuna ha sido tomada por un grupo de congresistas "maleantes" e irresponsables, siendo este último caso un escándalo que podía haberse reducido en su impacto mediático de muchos modos. Inclusive el más reciente que terminó en el despido del director de la dirección de presidencia encargada de transmitir los actos oficiales del ejecutivo a las demás televisoras, el cual creo que no llegó a la escala antes mencionade de escándalo en mi opinión sin ser tendenciosa a que se sabia que esto iba a suceder.